De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

jueves, 5 de junio de 2014

House of Cards: La democracia está muy sobrevalorada

http://www.filmaffinity.com/es/film706350.html
      Aunque no es oro todo lo que reluce, desde hace unos años el talento parece que se está trasvasando de las pantallas de cine a las de TV, pues cada vez hay más series que no es que tengan algo que envidiar a las películas, es que en muchos casos las superan ampliamente.

    Ya no es la todopoderosa HBO la única que produce este tipo de series, pues le han salido serios competidores. Netflix (que curiosamente empezó siendo un vidoclub por correo) es uno de ellos y House of Cards es la segunda de sus series que veo (tras la magnífica Orange is the New Black).

     Se ve que la gente va a prendiendo, y cada vez más los profesionales del cine se pasan, aunque sea temporalmente, a las series, normalmente como productores y también dirigiendo algún capítulo. Así por ejemplo ocurrió con Martin Scorsese y Boardwalk Empire o con Gus Van Sant y Boss.


     Este es también el caso de House of Cards, en la que metieron mano nada menos que David Fincher y Joel Schumacher como productor ejecutivo, y también dirigiendo algunos episodios cada uno. Sin embargo, aquí también los actores protagonistas son estrellas de cine de primera línea, nada menos que Kevin Spacey y La princesa prometida (una Robin Wright ya madurita).

    Y realmente el principal atractivo de la serie es justo ese: las interpretaciones de ellos dos, que, después de dos temporadas completas y para mi gusto, es lo único que sostiene a la serie.

     La serie comienza con la elección del nuevo presidente (demócrata) de los Estados Unidos. Spacey (Frank Underwood) era un congresista de su partido, un leal trabajador del aparato del partido que ayudó a encumbrar al nuevo presidente actuando como líder de la mayoría en el congreso. Frank tiene tres grandes cualidades: es un intrigante y manipulador nato, es un cínico redomado, y es muy ambicioso. Y de hecho espera que  el nuevo presidente  le recompense nombrándole secretario de estado (algo así como el ministro de asuntos exteriores).

     Pero... en esto de la política son todos unos cabroncetes, el presidente tiene otros compromisos, y el pobre Frank acaba sin su premio. Claro que a cabroncete no hay quien le gane, así que desde ese momento el bueno de Frank empezará a intrigar y moverse entre bambalinas para conseguir sus objetivos y de paso fastidiar un poco a sus enemigos (que desde luego no son los republicanos, sino los miembros de su partido: el nuevo secretario de estado, al jefa de gabinete, el propio presidente,...). Eso si, con elegancia y sin que se note.

     Spacey está sencillamente genial. Es un tipo que conoce todos los tejemanejes y trucos sucios de la política, y que no duda en utilizarlos. Él no tiene amigos, sólo aliados, ni tampoco tiene esposa, tiene una socia. Lo más parecido a un amigo que tiene es Freddy, el dueño negro de un minúsculo restaurante especializado en costillas a la barbacoa, un miserable cuchitril que el congresista suele frecuentar.

El personaje de Spacey muestra un cinismo de primera división. Por ejemplo en un momento determinado de la serie, cuando está a punto de conseguir muchos de sus objetivos (eso si dejando una ristra de cadáveres políticos de sus adversarios a sus espaldas) suelta esta cita genial:

“A un paso de la presidencia, y ningún voto emitido con mi nombre. La democracia está muy sobrevalorada.”

      El otro gran pilar de la serie es su mujer, Claire, que como ya dije está interpretado por la que fue la princesa prometida, aunque aquí es más bien una bruja, odiosa a la altura de su marido. Fría, dura y calculadora, dirige una especie de fundación benéfica que financia proyectos para llevar agua potable a zonas del tercer mundo... Pero con una serie de este tipo os podréis imaginar que tanto altruismo no es precisamente algo casual y gratuito.

      Lejos de la visión ideal –y un poco ingenua- de la política que mostraban series como por ejemplo El ala oeste de la Casa Blanca, aquí lo que se muestra es una verdadera jungla, con intrigas y traiciones de despacho,... y no tan de despacho, porque al bueno del congresista no se le pone nada de por medio para librar sus objetivos y librarse de sus enemigos.

      Porque claro, enemigos también tiene, si no sería muy aburrida la cosa. Aunque curiosamente una de sus virtudes es poner de su parte y utilizar precisamente a quien más daño le podría hacer, al menos mientras puedan ser de utilidad para él. Este es el caso de la prensa: Underwood empieza a relacionarse con Zoe, una joven y ambiciosa periodista, que por cierto está interpretada por la hermana de Rooney Mara, la Salander de la versión americana de Los hombres que no amaban a las mujeres, también dirigida por Fincher). Zoe firma una especie de pacto con el diablo y Frank la va encumbrando a base de filtrarle noticias y exclusivas, pero claro, filtra las que le interesan a él para causar el máximo daño posible a quien él quiere.

     Sin embargo, para mi gusto la serie tiene un problema: aunque se nota que no han escatimado en gastos y que calidad tiene (para muestra los actores protagonistas), después de 2 temporadas de 13 episodios cada una  el ritmo –que tampoco es que fuera trepidante al principio- empieza a ralentizarse, a hacerse cansino.... Y me temo lo peor con la tercera temporada que ya está encargada para 2015. No es que la segunda temporada tenga algo que objetivamente la haga peor que la primera, simplemente es que la prolongación de las cosas cansa: hay historias que se pueden contar de sobra en 13 horas.

      Una de las cosas más curiosas de la serie es que usa permanentemente la técnica que los entendidos en estas cosas llaman “romper la cuarta pared”. Es decir, Frank Underwood, en determinadas ocasiones, en medio de la acción, o incluso de un diálogo con otro personaje, mira de frente a la cámara y le habla directamente al espectador... y luego sigue con la escena. Y lo que dice suele ser las mejores frases del guión, verdaderas perlas de sabiduría y cinismo en la que nos muestra como es él y su manera de entender los mecanismos de la política. Para muestra un botón: cuando está asistiendo al discurso de investidura del nuevo presidente, se di dirige al espectador para explicarle esto:

“El poder es como las propiedades, importa la localización, la localización, la localización. Cuanto más cerca estés de la fuente más valdrá tu propiedad. Dentro de unos cuantos siglos, cuando alguien vea esta imagen... ¿a quien verán sonriendo al borde de la foto? A mi.”

     Curiosamente tampoco es una historia original: esto es un remake de una miniserie británica de principios de los 90. O más bien de 3 miniseries, o de una serie con 3 temporadas. Y a su vez esta estaba basada en una novela escrita precisamente por un político que fue consejero de Margaret Thatcher y portavoz de su partido en el parlamento, o sea que algo de esto sabría.


     Acabando: esta serie no está mal, de hecho es buena, al menos de momento, aunque si queréis un drama/thriller político que cuente las miserias y los tejemanejes oscuros de la política, con un personaje protagonista tan cabrón y magnético como este, yo personalmente os recomiendo mucho más Boss.





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