De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

martes, 1 de octubre de 2013

Breaking Bad. Probablemente la mejor serie que he visto nunca

      Antes de que nadie me tilde de exagerado... ¿la mejor? ¿Seguro? ¿Mejor  que otras grandes –y de culto- como Los Soprano,  The Wire, o alguna de las series de calidad que aún están en activo? Pues sí... sin dudas. Y encima, no es de la todopoderosa HBO: es de la cadena AMC, que ya tiene algunas series magníficas como The Walking Dead, o The Killing y otras que cuentan con el favor unánime de la crítica, como Mad Men.

     A diferencia de lo que ocurre con otras como Los Soprano, en esta serie no existen momentos muertos, episodios flojos en los que parece que no pasa nada y que no hacen avanzar la trama, salvo quizás el de la mosca, pero incluso en éste, con toda la paranoia, la trama avanza (Los Soprano es muuuy buena, pero los tiene).

     Además, no es una serie excesivamente exigente con el espectador, no es lenta, no tarda en arrancar, no necesitas ver 10 episodios para apreciar la calidad y engancharte (por ejemplo de The Wire es magnífica, sobresaliente, pero le pasa esto). Con esta no, os reto a ver los tres primeros capítulos de la serie y ver si luego podéis abandonarla y no ver más: van enlazados, tiene un ritmo vertiginoso y hacen gala de un humor negro bestial

     Y por último, en general, las series, por muy buenas que sean las primeras temporadas, tienen tendencia a alargar las historias innecesariamente y acumular episodio tras episodio para seguir haciendo caja, disminuyendo el nivel de calidad global, hasta que las cancelan o las acaban apresuradamente. En esta no es así: cada temporada es mejor que la anterior.


     La verdad es que tengo que confesar que tarde bastante en empezar a verla: aunque había oído hablar muy bien de la serie, nunca me había decido a echarle un vistazo... ¡craso error! Y fue precisamente por su sinopsis. Me explico, lo que yo conocía por lo que la gente me contaba y lo que leía iba más o menos así:
“Es la historia de un profesor de instituto,  que tiene problemas de dinero (hasta el punto de necesitar un segundo empleo en un lavadero de coches), una hipoteca que pagar, un hijo minusválido, y una mujer que acaba de quedarse embarazada... y en estas que al pobre diablo le diagnostican cáncer de pulmón inoperable. Así que el hombre, desesperado, decide meterse a narcotraficante”.

     Como podéis imaginar, con una descripción tan alegre a lo que me sonaba era a dramón lacrimógeno y lo que menos me apetecía era dedicar horas de mi vida a ver las desgracias de este pobre hombre. Pero no, de eso nada. No es que la sinopsis anterior diga ninguna mentira... Es que hay más, mucho más.

     Walter White es efectivamente un anodino y aburrido profesor de Química en un instituto de secundaria, que le pone más voluntad e interés del que logra por parte de sus alumnos. Efectivamente tiene una mujer que no trabaja, una hipoteca que pagar, un hijo minusválido, con parálisis cerebral (a propósito, una curiosidad, el actor que interpreta al hijo, a Junior, realmente tiene parálisis cerebral), y un segundo empleo, que odia, en un lavadero de coches para complementar su no demasiado holgado sueldo  y con un jefe que lo putea. El hombre acaba de cumplir 50 años y ha recibido dos noticias: que su mujer vuelve a estar embarazada, y que tiene cáncer de pulmón del que probablemente morirá en pocos años, dejando a su familia desamparada económicamente. ¡Y para colmo ni siquiera es fumador!

     Además, su cuñado Hank, el marido de la hermana de su mujer Skyler, es un hombre de acción, casi un pequeño héroe local, pues es un agente de la DEA que desde luego lleva una vida mucho más interesante que él persiguiendo a narcotraficantes. Un día, para animarlo, Hank decide llevarlo a una redada, a detener a unos pequeños fabricantes de meta, (o sea de metanfetamina), nada serio, unos tíos de poca monta. Y mientras espera en el coche a que hagan la detención, uno de ellos se escapa por una ventana y Walter lo reconoce: es Jesse Pinkman, un antiguo alumno suyo, nada brillante por cierto.

     Y se le enciende la bombilla: de repente encuentra una solución desesperada al problema que no le deja dormir, y que no es tanto que va a morir dentro de poco, sino que va a dejar a su familia desamparada económicamente. Se trata de hacer suficiente dinero antes dejar este mundo como para poder asegurar el futuro de la familia, dedicándose al lucrativo negocio de fabricar cristal de metanfetamita, que era lo que hacía su antiguo alumno. ¿Y que tiene él que ver con este mundo? Nada, pero él es químico, y además brillante, puede sintetizar la meta, y para todo lo demás... para eso tiene a Pinkman.

     Y este es el arranque de la serie. Una serie que comienza casi como una comedia, con un humor negro negrísimo, rozando a veces lo macabro, pero que poco a poco, temporada tras temporada se va convirtiendo en un thriller primero y en un drama después. Digo bien lo de thirller; usan varias veces una técnica la mar de efectiva: comenzar una temporada con una escena críptica y engañosa que ocurre cronológicamente al final de la temporada, y que mantiene al espectador enganchado preguntándose ¿cómo demonios habrán llegado ahí?, como por ejemplo en el caso del osito de peluche en flotando en la piscina, o el comienzo de la 5ª temporada, con Walter comprando un arma y llegando a su casa ya abandonada.

      Al parecer la serie es muy precisa en lo que a los aspectos científicos o técnicos se refiere. A ver, no es que te vayan a enseñar con pelos y señales como fabricar metanfetamina, eso ya lo podéis encontrar en Internet si buscáis un poco. Pero si que es todo verosímil y, en lo fundamental, correcto y exacto científicamente hablado porque parece ser que cuenta con asesores científicos. Por ejemplo, una curiosidad: en la cabecera se muestra una fórmula química de forma repetida (C10 H15 N) y un número (149.24). Son la fórmula química y el peso molecular de la metanfetamina.

     Los jugadores de billar (del americano, no del francés), cuando las bolas no se separan bien tras el primer tiro y quedan en una mala posición, dicen que “las bolas han roto mal”. Y, a partir de ese mal movimiento inicial, la partida puede torcerse y todo acaba yendo de mal en peor. Ese es el Breaking Bad del título, empezar con mal pie, torcerse, ir de mal en peor. Porque de eso es de lo que va la serie, de cómo un hombre, esencialmente buena persona, y al que sólo mueve la buena intención y un interés en teoría altruista (su preocupación no es él, es su familia) se va volviendo, poco a poco, temporada tras temporada, un verdadero cabrón con pintas. Y todo empujado por una mala decisión y por las circunstancias, siempre por las circunstancias.

     Sí, por las circunstancias, porque al principio él y Pinkman comienzan a elaborar cristal de forma muy artesanal, a pequeña escala, en una destartalada autocaravana en medio del desierto. Los primeros intentos son cómicos, casi patéticos, con accidentes e incidentes que acaban con Walter en calzoncillos en medio de ninguna parte.

<< ¡Cuidado!, a partir de aquí hay spoilers, intentaré advertir de que temporada, para que el que todavía no haya visto esa temporada, decida si quiere leer esa parte o no >>

  <<  Spoilers de la primera temporada  >>  

     Pero pronto el negocio aumenta, y con ellos los problemas: tienen que distribuir lo que fabrican, llaman la atención de otros narcotraficantes -gente chunga de verdad- y están a punto de morir de éxito. Pero siempre, empujado por las circunstancias, por su voluntad y decisión inquebrantables y por su ingenio, Walter acaba saliendo de la situación... sólo para alcanzar el siguiente nivel, y sólo para encontrar allí nuevos y mayores problemas.

     Walt acaba adoptando una identidad alternativa, su identidad de narcotraficante, tocado con sombrero (para camuflar un poco la calvicie causada por la quimioterapia), los ojos escondidos tras unas gafas de sol negras y con Heisenberg (el del Principio de Incertidumbre) como “nombre artístico”, como nombre de guerra.

     Es buenísima la química –un adjetivo muy oportuno en este caso- que existe entre los dos protagonistas: Pinkman y Walter. Son completamente distintos, impulsivo, torpe y atolondrado uno, reflexivo, eficiente y siempre bajo control el otro. De hecho una curiosidad, para quienes no la conocieseis: originalmente Pinkman iba a ser un personaje secundario, uno más entre el montón, destinado a abandonar la serie tras la primera temporada, probablemente muerto. Pero la relación de amor-odio entre los dos funcionó tan bien que los creadores de la serie decidieron mantenerlo y darle el papel de co-protagonista.

     Decía amor-odio porque a lo largo de la serie estos dos pasan por todo el espectro de sentimientos mutuos: complicidad, amistad, desprecio, admiración, odio visceral... y no siempre en ese orden ni siendo siempre mutuo el sentimiento. Es curioso como van cambiando ambos personajes: partiendo de un Walter que es un hombre familiar, integro y respetuoso de la ley mientras que Jesse es un delincuente y un colgao sin demasiados remordimientos ni problemas morales con la ley, a lo largo de la serie se ve como Walter acaba superando con creces a Pinkman... en todos estos aspectos.

     Poco a poco se dan cuenta de que no sólo hay que fabricar la droga: hay que distribuirla. Y como “su producto” como Walter lo llama es bueno (muy bueno, muy puro y muy demandado por la clientela, pues al fin y al cabo él es un químico brillante y sabe lo que se hace), necesitan hacer crecer el negocio. Por cierto, otra curiosidad, al parecer el cristal azul de Heisenberg es ficticio: la meta casi pura es incolora, semitransparente: sólo tiene algún color si tiene impurezas, y el producto de Walter, según se nos dice, es casi perfecto.

  <<  Spoilers de la segunda temporada  >>  

Y así acaban apareciendo toda una galería de personajes a cual mejor:

     Hay narcos de los cárteles mejicanos: increíble cuanto partido llegan a sacarle a un personaje tan secundario como el del anciano Señor Salamanca, un anciano inmovilizado en una silla de ruedas, que no puede hablar, y que parece un viejo senil... pero ni necesita lo primero -se las apaña la mar de bien con su timbre atado al reposabrazos de la silla- ni tiene un pelo de tonto como demuestra pronto.
      Hay abogados poco escrupulosos: genial el personaje de Saul Goodman, un abogaducho especializado en pleitear en casos de demandas a los seguros, que se anuncia en los bancos del parque y en las paradas de autobús con el eslogan “Mejor llama a Saul”, pero que tiene sus contactos y sus habilidades ocultas, tanto para sacar de la cárcel a pequeños camellos como para blanquear dinero. Habilidades que pronto necesitará la pareja protagonista.

     Hay matones/guardaespaldas de lealtades poco claras para el espectador: como Mike, uno de los hombres de Saul, o eso creen él y los espectadores.

      Y sobre todo, hay uno de los mejores personajes de villano que he visto nunca: Gustavo alias “hermanos pollo” Fringe, un hombrecillo apocado, siempre correcto, siempre impecablemente vestido, siempre atento, de apariencia humilde,... casi servil. Gus es uno de los mejores personajes de villano que recuerdo.

  <<  Fin de Spoilers  >>  

     Una de las cosas que más me gustó a la hora de empezar a ver la serie es que tenía fecha de caducidad: la idea de empezar con una condena a muerte pendiendo sobre la cabeza del protagonista parecía que me iba a librar de una de esas series que se iba a estirar temporada tras temporada, artificiosamente, intentado los guionistas (cada vez con menos éxito como suele pasar con las series) mantener el interés.

     Pero no, esta es una serie ya acabada, y acabada en el mejor sentido de la palabra: no solo es que no se está emitiendo ya, es que además es una historia cerrada, con un final, que te puede gustar más o menos, pero que por un lado, es genial, y por otro, si lo piensas bien a medida que avanzan los episodios, es casi inevitable.


     Porque lo de este pobre hombre (que al principio te inspira simpatía y pena) es el típico caso de no poder parar de darle a los pedales porque si lo haces te caes de la bicicleta.

     Y todo ocurre muy rápidamente: en tiempo interno de la serie sólo pasan 2 años entre el principio y el final, y realmente las 4 primeras temporadas se desarrollan durante el primero de esos dos años.

  <<  Spoilers de la tercera temporada  >>   


  
      Walter hace lo que hace primero por necesidad, luego  por prurito profesional, después lo hace por el orgullo que siente de su producto (es genial un escena en la que, haciendo la compra en un hipermercado observa como un jovenzuelo está comprando lo que él deduce que son los materiales necesarios para cocinar meta artesanalmente, y primero se permite darles algunos consejillos profesionales (“esas cerillas no valen, porque son cerillas de seguridad, necesitas estas otras que tienen fósforo rojo”)  y luego se encabrita hasta el punto de ahuyentarlos con un “¡Quedaos fuera de mi territorio!”.



      Posteriormente lo hace simplemente porque no puede parar de hacerlo, aunque lo intente, no le dejan, y al final lo hace por simple avaricia. Porque con los socios y contactos adecuados, y con la industrialización del negocio (pasa de cocinar meta en una mugrosa autocaravana de segunda mano a disponer de todo un laboratorio de alta tecnología) Walter White llega a amasar una considerable fortuna, mucho más de lo que su familia, y por supuesto él mismo, necesitan y podrán gastar.
 
    De hecho hay una imagen muy alegórica en el antepenúltimo capítulo de la serie: vemos a Walter haciendo rodar por un polvoriento y solitario desierto, bajo un sol de justicia, un barril, de una forma sospechosamente parecida a como hacen los escarabajos peloteros con su bola de excremento... y al igual que ellos, obsesionado y cegado por su precioso tesoro, aunque para todo los demás llegados a este punto, no sea más que eso: mierda.

      Y todo esto le obliga a llevar una doble vida desquiciante, porque por un lado es Heisenberg, pero por otra parte sigue siendo Walter: un anodino profesor que está de baja por un cáncer terminal, hombre familiar, que comparte cenas y barbacoas con sus cuñados, y que tiene que ocultar como puede su otra vida a Skyler, su esposa, y justificar cosas como el pago de las facturas de los costosísimos tratamientos contra el cáncer, o la repentina mejora de la situación financiera de la familia. Y además opera bajo las narices de su cuñado, que como agente de la DEA, está intentando pillar a ese misterioso personaje que todos llaman Heisenberg.

     Hay que reconocer que no es una serie en la que haya buenos personajes femeninos, todos son secundarios y algunos bastante molestos (Marie, la hermana de Skyler es uno de los personajes que más detestable y odiosa se me ha llegado a hacer).

    Por cierto, otra curiosidad: la actriz que interpreta a Marie se quedó embaraza en la vida real durante el rodaje, así que usaron planos cortos de su barriga y los aprovecharon para simular el embarazo, en la ficción, de su hermana Skyler.

     El personaje femenino principal es precisamente el de Skyler, su mujer, que también sufre una curiosa transformación a medida que la serie avanza y empieza a sospechar primero, a conocer después, y a tolerar por último los detalles de la doble vida de su marido. Y es que todo el mundo se corrompe, y por eso me gustan las series que lo muestran.

  <<  Spoilers de la cuarta temporada  >>  

    Walter acaba no sólo siendo un pez gordo, sino que además lo sabe: uno de los momentos más impresionantes de la serie es la escena en la que dice “No estoy en peligro [...] YO soy El Peligro”, que podéis ver en este video:


      Decía al principio que esta serie mejora temporada tras temporada, cada una mejor que la anterior, y esto es cierto casi siempre.

     La primera temporada es la más corta, sólo 7  episodios, porque hubo que recortarla al coincidir con la huelga de guionistas en América en 2008, pero tiene un ritmo muy rápido, es adictiva y es la que más encuadra en el género de la comedia, eso si, de la comedia negra.  Las demás temporadas ya tienen una duración normal: cada una 13 episodios, y cada una mejor que la anterior.

     Hasta llegar al final de la cuarta temporada: los tres últimos episodios de esta temporada son de lo mejor que he visto nunca en televisión y mejor que la mayoría de las cosas que he visto en cine: asombroso como en el desenlace se pasa de un desesperado Walter, derrotado y casi histérico, a un climax final con el mítico “Se ha acabado [...] He ganado.” y la misteriosa escena con la maceta, que jugará un importante papel en la última temporada.



  <<  Spoilers de la quinta temporada  >>  

      Era dificilísimo superar esto, y de hecho en la quinta y última temporada no lo logran. Quinta temporada, que realmente son dos porque al parecer Vince Gilligan, el creador de la serie consideraba que no tenía bastante con 13 episodios para terminar la historia, pero tampoco quería hacer 26 para tener dos temporadas completas, como quería la cadena, así que al final llegaron a una solución de compromiso: sería 16 episodios como quería el creador, pero se emitirían en dos partes de 8 cada una, separados por todo un año, como si realmente fueran dos temporadas, como quería la cadena de televisión.

      Aún después de la maravilla deslumbrante de la cuarta temporada, la quinta no es ni mucho menos mala, en especial la primera de las dos partes: tiene episodios realmente grandiosos, como el del electroimán o el del asalto al tren. Y tiene momentos épicos, como esta escena de Walter negociando con unos narcos:

-¿Quién coño eres tu?
- Lo sabes. Sabes exactamente quién soy.  Di mi nombre.
- Heisenberg
- ¡Tienes toda la puta razón!


      Y la segunda y última parte (lo que sería la sexta temporada) es la más oscura, la más dramática la más amarga y sombría. Pero, aún así, Walter White vuelve por sus fueros a hacer de las suyas en un final que casi parece de western, un digno final para la serie.



     En fin, una verdadera obra maestra de la TV. Fue bonito mientras duró, pero tenía  que acabar: Echare de menos esa cabecera con el humo y la tabla periódica de los elementos químicos y esa guitarra a lo Ry Cooder sonando de fondo.




1 comentario :

  1. Me ha gustado saber el significado del título. No lo pillaba.
    Fue ver el primer capítulo y decidir que no perdería el tiempo. No me interesó en absoluto. Ahora me siento un bicho rarísimo.

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