De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

lunes, 5 de noviembre de 2012

El Ala Oeste. La trastienda del poder.


       Ahora que los americanos están a punto de votar si reeligen a Obama como presidente, o si ponen en su lugar al mormón, me apetece hablar de una serie que terminé de ver hace ya bastante tiempo, pero que le viene como anillo al dedo al tema.

      The West Wing (a la que en España titularon “El Ala Oeste”, pero añadiendo la innecesaria coletilla “de la Casa Blanca”, cosa que te queda clara desde el minuto dos del primer episodio, igual que queda claro que la serie se llama así porque es en esa parte del edificio donde están el despacho oval –el despacho del presidente- y las oficinas del personal de su gabinete de asesores) trata sobre la trastienda de la política y las intrigas del poder, contadas desde el punto de vista, no exactamente del presidente de los Estados Unidos (que aquí sería más bien un secundario importante), sino de sus asesores.

      Antes de nada hay que advertir de que esto no es exactamente  una americanada más” como he oído decir bastantes veces (sobre todo a gente que no ha visto la serie). Que nadie espere aquí a un presidente a lo Harrsion Ford luchando contra terroristas en el Air Force One mientras intenta salvar el mundo. No. No van por ahí los tiros.


      No se si habéis visto una película de 1996 llamada El presidente y Miss Wade, en la que se contaba la historia de un presidente viudo (o soltero, no me acuerdo, pero en cualquier caso, no casado) interpretado por Michael Douglas, que se enamoraba, estando ya en el cargo de una periodista con un pasado un poco “rojillo” (o al menos todo lo rojo que puede ser un norteamericano), y los problemas que eso le suponía, con ella, con la opinión pública, y con sus enemigos políticos. El guionista de la película era Aaron Sorkin, y en ella aparecía Martin Sheen como un asesor del presidente, creo que su Jefe de Gabinete.

       Esta película fue la base para que unos años después, en 1999, Sorkin creara El Ala Oeste, en la que contaba los intríngulis de la presidencia del ficticio Jeb Bartlet, curiosamente interpretado aquí por Martin Sheen, al que se ve que ascendieron en el “cargo”.

       La serie tiene el estilo puro de Sorkin (si habéis visto La red social, sabréis a lo que me refiero): diálogos rápidos, inteligentes, incisivos, normalmente muy brillantes, pero siempre diálogos, diálogos, muchos diálogos, mientras los personajes caminan a toda leche por los pasillos. Al parecer los americanos llaman a esta técnica walk & talk: para dar un poco de movimiento a la escena y que no todas sean en despachos cerrados, muchas veces en la escena los personajes andan mientras caminan. Hay una parodia muy buena ridiculizando esta técnica en un episodio de Padre de Familia en la que se ve como sería una telecomedia de esas que se desarrollan en la cocina de una familia americana si la hubiese creado Sorkin.

        Hay que adminitr que no es una serie apta para todos los públicos ni adecuada para quienes busquen televisión de consumo rápido. No es una serie en la que resulte fácil entrar, es exigente y requiere concentración por parte del espectador, y no tanto por la complejidad de la trama, que realmente no es que sea muy compleja, sino porque para apreciarla hay que estar dispuestos a saborear y paladear las réplicas y contrarréplicas que se dan los personajes. Y lógicamente te tiene que gustar este tipo de ficciones. Aquí no hay acción, casi no hay comedia al uso, sino más bien ironía que destilan algunos de los personajes, y tampoco hay suspense en las historias, salvo en algunos episodios muy contados.

        Básicamente los protagonistas son los asesores del presidente, su jefe de gabinete, su portavoz, etc. Y los intríngulis de cómo se hace política en estados unidos: redactando discursos, enfrentándose a las encuestas, planificando una campaña electoral, tratando de convencer a los congresistas -del partido propio o del ajeno- para reunir los votos suficientes para sacar adelante una ley, etc. Prácticamente casi toda la serie se desarrolla en interiores: pasillos, despachos, etc. Y los personajes apenas si tienen vida privada que se cuente en la historia salvo cuando esta se ve afectada por su trabajo (estos tíos son adictos al trabajo, y alguno a algo más que al trabajo).

       Se trata de una serie larga (156 episodios de poco más de 40 minutos cada uno) en la que hay algunos arcos argumentales que ocupan más de un capítulo, pero que en general es más bien episódica: en cada capítulo (o en cada par de capítulos, pues hay algunos dobles) se cuenta algo concreto, que se suele cerrar dentro del mismo capítulo.

        ¿Y cuales son las cosas que se cuentan? Bueno, pues las 7 temporadas de las que consta la serie (que se emitieron entre 1999 y 2005) se vienen a corresponder aproximadamente a 7 años de mandato del presidente: empieza cuando Bartlet, el presidente del partido demócrata, lleva ya un año en la Casa Blanca y acaba cuando hace la transición a su sustituto en la presidencia al final de su segundo mandato. Así se va pasando por todos los temas, tanto de política interna (las peleas con los republicanos, o con los senadores y congresistas demócratas también, las discrepancias con el vicepresidente, las presiones de los distintos lobbies, la elección de los jueces del tribunal supremo (son cargos vitalicios), los problemas que causan los gobernadores de los estados, o los representantes de las minorías, o los representantes de los grupos religiosos más reaccionarios) como exterior (la situación entre Israel y Palestina, los problemas entre China y Rusia en las repúblicas del centro de Asia, las difíciles relaciones con un estado musulmán ficticio llamado Qumar, que apoya a los terroristas, etc.)

       También se va pasando por todo el proceso del ciclo político de los americanos: la campaña para la reelección a los cuatro años, los debates, las elecciones, el proceso de primarias para la elección del nuevo candidato (pues los presidentes no se pueden presentar más de dos veces) y el de la campaña electoral del nuevo, junto con la transferencia de poderes (es curioso pues el nuevo presidente ya es electo pero no empieza a gobernar hasta casi 3 meses después, con los consiguientes problemas que puede haber en cuanto a opinión política entre el que sale y sigue gobernando y el que entra pero todavía no lo hace). De hecho la 7ª y última temporada se aparta más de la política de dentro de la Casa Blanca para centrase en el tema de las elecciones primarias, la campaña, etc. todo con el nuevo candidato (una curiosidad, es un político latino, interpretado por el mismo actor que interpreta a uno de los asesinos de la serie Dexter, creo recordar que al de la 3ª temporada) que se lleva a alguno de los personajes para dirigir su campaña.

        Supongo que todo esto será un retrato bastante fiel y exacto de cómo son estos procedimientos en la realidad de la política americana. Una cosa sorprendente de la serie es cómo logró anticiparse a algunas de las cosas que han pasado de verdad en la Casa Blanca real, y que han sido noticias en los periódicos y en la TV, como por ejemplo un episodio en el que el congreso (de mayoría contraria:  republicana) no le aprueba el presupuesto federal y tiene que entrar en una especie de “servicios mínimos” y despedir empleados públicos mientras se desbloquea la situación, o como no son capaces de sacar adelante una ley para la asistencia sanitaria estatal paralela a las aseguradoras privadas, etc… cosas que le pasaron a Obama algunos años después.

        Y todo esto, en la mayoría de las ocasiones, no se trata desde el punto de vista de los políticos de alto nivel (senadores, ministros, secretarios de estado,…) sino de los asesores. Lógicamente también desde el punto de vista del Presidente, del que también se cuentan detalles de su vida personal:

         <<<   ¡Atención Spoilers!   >>>       

      Así por ejemplo nos vamos enterando de que tiene una enfermedad degenerativa, que la principio se oculta al público, del lío en el que se meten porque su mujer, interpretada por Stockard Channing (¿alguien se acuerda de Rizzo en Grease? Pues esa misma), que es médico, lo trata para su enfermedad y lo medica “a escondidas”, o de cómo, en uno de los mejores finales de temporada secuestran a una de sus hijas, estudiante universitaria, y dimite, temporalmente, para que los secuestradores no puedan presionarle, cediendo el poder justamente a su rival, el líder del partido contrario, que es el portavoz de los republicanos en el Senado, interpretado por el gran John Goodman.

     En la última temporada también se cuenta algo que acabó pasando en la realidad, de forma muy parecida, unos años después: los demócratas eligen como candidato al que a priori es el anti-prototipo de demócrata: latino, de Tejas, religioso, contrario al aborto,…) mientras que los republicanos eligen también al que a priori es lo menos parecido a un republicano típico (está interpretado por Alan Alda): Californiano, ateo, pro-abortista,…
      Por lo que además de enfrentarse en debates entre si, y de no poder utilizar las armas que normalmente utilizarían, pues tienen los papeles un poco cambiados, también tienen que luchar con los miembros más ortodoxos de sus respectivos partidos y convencer a sus electores más tradicionales. Pues bien, el republicano poco a poco le va comiendo terreno en las encuestas al demócrata, y cuando parece que definitivamente va a ganar las elecciones, un incidente que no viene al caso, le acaba restando votos y pierde por muy poco. Finalmente el nuevo presidente electo le ofrece a él, rival y su contrincante político, el cargo de secretario de estado (el equivalente a ministro de asuntos exteriores) justamente como Obama hizo con Hillay Clinton, que fue su rival en las primarias.

<<<   Fin de los spoilers    >>>

      Una de las cosas que a veces le achacan a la serie es que es un es muy maníquea: los demócratas son los buenos buenísimos, y los republicanos los malos malísimos, al igual que los americanos son los buenos buenísimos, junto con sus aliados, y los otros países los malos. Bueno, lo primero decir que esto no es del todo así; si ves los suficientes capítulos te das cuenta de que hay mezquinos en ambos bandos, de la misma forma en que por ejemplo el ficticio líder palestino sale bastante bien parado en el retrato que le hacen. Eso si, los terroristas islámicos (Qumar) son los malos en el exterior, de la misma forma que en el interior los protagonistas (el presidente y su equipo) son los buenos de la película.

     Y además, ¡vamos a ver! ¡que esto es una serie de ficción!, no pretende ser un documental. Evidentemente esta serie no se podría haber hecho en España ¿alguien se imagina donde habrían llegado las voces de los unos o de los otros en una serie en la que se tratara la presidencia de un Aznar o de un Zapatero? Sin embargo aunque supongo que en U.S.A. habrá disgustado a muchos republicanos, alguien tan poco sospechoso de comulgar con las ideas que detalla la serie, como es Henry Kissinger, se declaró fan de la serie.

      Por supuesto también tiene cosas malas, defectillos que la alejan de ser perfecta, y la dejan en un producto de calidad, bueno o como poco muy interesante.

       Si dejas de lado que no es una serie de acción, que es una serie que trata sobre temas políticos, y que es una serie de diálogos (cosas que no es que sean defectos, es que es la esencia misma que define la serie) fundamentalmente el principal pero que le pongo es que muchas veces peca de ingenuidad, de idealismo, y de que todos son demasiado perfectos, lo que le resta un poco de realismo a los personajes.

      Empezando por el presidente: este tío es casi perfecto: listo, honrado, justo, ecuánime, cabal, sin escándalos sexuales como Clinton o Kennedy, y además un genio. El tipo tiene el premio Nobel, y no el de la Paz, como Obama, sino el de Economía, y no obtenido durante su mandato, sino antes de llegar al cargo. ¡Hombreeee…! Un poquito de imperfección no habría estado mal.

     Y algo parecido pasa con el resto de los protagonistas, los miembros de su gabinete. Todos son inteligentes y brillantísimos (vale, bueno, podemos aceptar que no eligiera a unos inútiles para formar parte de sus personal de confianza), nunca les falta una réplica mordaz e inteligente (OK, también vale, al fin y al cabo se ganan la vida escribiendo discursos) pero es que además son todos unos idealistas y unos leales camaradas, y si han tenido problemas personales serios, son cosa de su pasado.

      La verdad es que yo eché en falta alguna mezquindad de vez en cuando, alguna puñalada trapera entre ellos, algún golpe bajo o un insulto fácil entre tanta réplica brillante y argumento inteligente, alguno menos idealista y más cínico o de vuelta de todo, alguno que fuera más egoísta y pusiera alguna que otra zancadilla,…
         En fin todo esto le hubiera quitado ese aire un poco ingenuo y naif, a la serie y la habría hecho más realista y con más mala baba.

      De hecho supongo que la serie es muy realista en todo lo que cuenta de la trastienda política, en el fondo y en los procedimientos (en lo que se hace) pero sospecho que no es tan realista en la forma en la que se hace: imagino que la realidad no estará tan cerca de la honradez inmaculada y la perfección que se retratan en la pantalla.

    Pero bueno, ¡tómala o déjala como es! Pese a todo a mi me sigue pareciendo una serie muy recomendable.

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